La educación, una oportunidad entre rejas; reos piden más áreas técnicas y carreras universitarias
Puerta de ingreso al panal de El Abra, en Cochabamba.
PERIODISTA/ Pedro Figueroa Mamani
Las personas que cumplen una condena en las distintas cárceles del departamento de Cochabamba y del país, están conscientes de que la educación, en sus distintos niveles, les permitirá reinsertarse con mayor facilidad a la sociedad, una vez que cumplan su condena.
Muchos de los internos e internas con los que conversó este periodista, particularmente jóvenes de entre 20 a 35 años, aseguraron haber encontrado una oportunidad en el encierro. Se les escucha pronunciar frases como: “Si no hubiera entrado a la cárcel no hubiera salido bachiller”, “nunca pensé llegar a estudiar en una universidad”, “mi mamá se hubiera sentido orgullosa de lo que he terminado el colegio y sigo estudiando”.
Estos poderosos testimonios no solo reflejan una dura realidad social que vivieron muchos de los reclusos antes de su encierro, sino que reafirman que la educación en contextos de privación de libertad actúa como el motor más efectivo para la reinserción.
Educación en cárceles
De acuerdo con Régimen Penitenciario en Cochabamba, en las siete cárceles que se hallan en cuatro municipios del departamento: El Abra, San Sebastián Varones, San Sebastián mujeres, San Antonio, San Pablo de Quillacollo, San Pedro de Sacaba y en el Centro Penitenciario San Pedro de Arani pasan clases de humanidades hasta el bachillerato.
Asimismo, estudian la carrera de derecho en las universidades ULAT (Universidad Latinoamericana, UNO (Universidad Nacional del Oriente) y en la Universidad Autónoma del Beni.
Con relación a las carreras técnicas, solo en el Centro Penitenciario San Pedro de Arani no se cuenta con este beneficio.
Los CEA (Centro de Educación Alternativa) Simón Rodríguez, Rijchariy, Urcupiña y Sacaba se encargan de dictar clases de humanidades y áreas técnicas en las siete cárceles del departamento.
Formación universitaria
A la fecha, en Cochabamba, la Universidad Nacional del Oriente forma a 55 reclusos como abogados: 27 en San Sebastián Varones, 16 en San Antonio y 12 en San Pedro de Sacaba; mientras la Universidad Latinoamericana tiene 20 estudiantes: 16 en El Abra y cuatro en San Pablo de Quillacollo; y la Universidad del Beni tiene dos estudiantes: uno en San Pedro de Arani y uno en San Sebastián Mujeres, por el momento, la única interna que cursa una carrera universitaria.
Historias
Conozcamos la historia de Erick (nombre ficticio), quien fue sentenciado a 20 años de cárcel por el delito de feminicidio en grado de tentativa. Erick cuenta que, en su pueblo, en Llallagua (Potosí), apenas terminó el nivel básico y se dedicó a trabajar de albañil, y no tenía planes de estudiar; incluso, se dedicó al alcoholismo y estuvo a punto de llegar a la indigencia.
“A veces, creo que por algo pasan las cosas. Yo nunca pensé llegar a la cárcel, pero un día, conocí a una mujer a quien le gustaba emborracharse, y empecé a salir con ella, por casi dos años me descarrié; hasta qué, un día en medio de una borrachera, había llegado a agredir físicamente a mi expareja, pero yo no recuerdo nada de lo que pasó, me desperté en el hospital, porque tenía cortes en mi cuerpo y en mi cara”, relató el recluso.
Además, dijo que ya pasó cuatro años en la cárcel, según él, cuatro años bien aprovechados. “Yo soy del campo, en mi pueblo solo he estudiado hasta quinto básico, y aquí he salido bachiller y ahora estoy estudiando derecho. Si no hubiera llegado a la cárcel, estoy seguro que no hubiera estudiado, quizá habría muerto, porque ya era alcohólico”, añadió.
Actualmente, Erick paga a la universidad privada con los trabajos que realiza en el área de marroquinería, elaborando cinturones, carteras y otros acabados. En sus planes está terminar la carrera de derecho, cumplir su condena y buscar a sus dos hijos para darles una vida mejor.
Eulogio (nombre convencional), quien también es del área rural del departamento de Potosí, es otro internó que encontró una oportunidad en el encierro, salió bachiller y ahora estudia la carrera de electricidad. Eulogio cumple una sentencia de 25 años en la cárcel San Sebastián varones, por el delito de violación.
“En mi pueblo, allá en la provincia Charcas, he estudiado hasta sexto grado y aquí he terminado el colegio en tres años, y este año estoy estudiando electricidad, voy a estudiar todas carreras que hay, quiero aprender de todo”, dijo Eulogio en un castellano mezclado con quechua.
A la pregunta de quién te espera afuera, respondió: “Nadie”, y se quebró, luego aseguró que le hubiera gustado que su madre sepa que terminó el colegio y se sienta orgullosa de él.
“No tengo padre, ni madre y mis hermanos se olvidaron de mí. Estoy seguro que mi mamá iba a venir, ella se iba a sentir feliz de lo que estoy estudiando. Mi mamá murió en un accidente cuando estaba retornando al campo, después de venir a verme, eso fue antes que entre a la cárcel, en ese entonces, yo trabajaba de albañil. Aquí trabajo en el área de marroquinería, hago mochilas, billeteras y cinturones, lo que gano apenas me alcanza para comer”, concluyó.
Luís (nombre convencional) es otro recluso que decidió estudiar la carrera de derecho mientras cumple su condena. Contó que él y otros internos se animaron a estudiar la carrera de derecho debido a que sus abogados no les defendieron adecuadamente o les vendieron falsas esperanzas.
“Muchos de los que estamos en la cárcel, ya somos profesionales; por ejemplo, yo soy ingeniero agrónomo, y cuando se firmó el convenio con la Universidad del Oriente, de los 18 que nos inscribimos, 14 ya éramos profesionales en diferentes áreas, pero estamos aprovechando esta oportunidad. El problema es el dinero, hay jóvenes que no pueden pagar a la universidad, aquí apenas se gana para comer. En mi caso, recibo ayuda de mis padres”, aseveró.
Por otra parte, dijo estar consciente de haber cometido un delito. “Me han sentenciado a 15 años de cárcel, ya pasaron tres años. Pero debo manifestar que aquí he aprehendido a perdonar y a reflexionar, tengo 33 años, soy de San Borja, Beni. Ahora solo pienso en volver a mi tierra y trabajar como abogado, me gusta la carrera”, indicó.
Cárcel de mujeres
La directora del recinto penitenciario San Sebastián mujeres, Vanesa Vidal Torrez informó que tiene una población de 350 reclusas, el hacinamiento supera el 130 por ciento. A pesar de ese problema, a la fecha, en cada aula pasan clases de primaria y secundaria 20 reclusas. La cárcel cuenta con cinco aulas que también son utilizadas como dormitorios.
Asimismo, más de 15 internas se capacitan en el área técnica y una pasa clases virtuales en la Universidad Autónoma del Beni.

Dificultades
Lino, un interno que fue delegado de educación de una de las cárceles del centro de la ciudad de Cochabamba, afirmó que, al margen del hacinamiento que deriva en la falta de ambientes adecuado para pasar clases, está la carencia de equipamiento para las áreas técnicas, y más carreras universitarias, en especial de las universidades estatales.
“La universidad privada tiene un costo de Bs 366 por mes y a muchos no nos alcanza lo que ganamos con los trabajos que realizamos dentro del penal. La Universidad del Oriente, ya está un año y medio, y por ese motivo muchos internos ya estamos en tercer semestre”, sostuvo Lino.
De acuerdo con datos del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura y el Diagnostico Nacional de Población Juvenil Privada de Libertad, en Bolivia existen 32.035 personas recluidas, distribuidos en 46 centros penitenciarios, 20 de ellos se encuentran en áreas urbanas y 26 en zonas rurales. Se tiene un hacinamiento de 105%.
En centros penitenciarios urbanos el hacinamiento alcanza el 117%, siendo que, la capacidad que poseen los centros es de 12.094 personas, pero la población penitenciaria supera las 26,242 personas. En los centros rurales, la capacidad es de 3.504 personas, pero la población supera las 5.793, llegando un hacinamiento del 65%.
Hasta el final de la gestión 2024, en los centros penitenciarios urbanos y rurales del país, se tenía el registro de 9.520 jóvenes recluidos, entre 18 y 28 años, representando el 29,76% de la población penitenciaria; concentrándose en Santa Cruz, el mayor número de reos (con 3.648, lo que equivale al 38.32%), seguido de La Paz (con 1.876, el 19,71%) y Cochabamba (1.356, es decir el 14,24%). La mayoría de los jóvenes se encuentran en centros con alto hacinamiento, como Palmasola (Santa Cruz) donde se encuentran 2.738 jóvenes.

