Encerrada, maltratada y engañada: historia de Sonia, la invidente asesinada por su pareja
Una fotografía en vida de Sonia, la mujer invidente víctima de feminicidio.
El esposo y presunto autor del feminicidio de Sonia fue recluido preventivamente en el penal de El Abra.
Sonia vivía en silencio, encerrada entre cuatro paredes en su casa de Punata. Casi no podía ver, solo veía un cinco por ciento con un ojo y dependía completamente de su esposo, Gualberto D., el mismo que hoy está tras las rejas acusado de haberla estrangulado.
Este jueves 9 de octubre, el hombre fue enviado con detención preventiva al penal de El Abra, luego de una audiencia en la que fue imputado por el delito de feminicidio. La abogada del Observatorio de Justicia de la Fundación Voces Libres, Dayana Sevilla, contó que los testimonios de los vecinos sobre las condiciones en las que sobrevivía Sonia son estremecedores. “Los relatos son muy dolorosos por la crueldad con la que era tratada”, afirmó.
Sonia tenía 52 años. En su primer matrimonio tuvo una hija, que se fue a vivir a Argentina hace años y formó una familia, aunque no la visitaba. Con Gualberto, con quien se unió hace 15 años, no tuvo hijos. Al principio, todo parecía marchar bien, tanto que su madre y su hermano, que viven en Tiraque, no sospechaban del abandono en el que vivía los últimos años.
Con el paso del tiempo, Sonia perdió casi toda la vista y, con ella, la independencia. Dejó de trabajar y quedó totalmente a merced de su esposo. Los vecinos recuerdan haberla escuchado pedir ayuda algunas veces, pero él no permitía que nadie se acercara.
En los últimos meses, según contaron los testigos, Gualberto mantenía una relación sentimental con otra mujer. Ambos entraban a la casa de Sonia para sacar y vender los pocos bienes que aún tenían. En ocasiones, él la dejaba encerrada con candado y sin comida.
La hermana de Sonia había presentado una denuncia ante el Servicio Legal Integral Municipal (SLIM), alertando que Sonia era víctima de violencia. En marzo, los funcionarios acudieron a la vivienda y le preguntaron directamente si sufría maltrato. Sonia, temerosa, respondió que no.
Dos semanas antes del hallazgo, los vecinos vieron a Gualberto junto a Sonia por última vez. Luego, la casa permaneció cerrada. Los olores nauseabundos que empezaron a salir de la vivienda alertaron al vecindario, que finalmente llamó a la Policía.
Cuando los efectivos de la Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia (Felcv) llegaron, encontraron la puerta cerrada con candado. Dentro, el cuerpo de Sonia estaba en avanzado estado de descomposición. La autopsia determinó que murió por asfixia mecánica por estrangulamiento.
Gualberto fue aprehendido y, según los investigadores, confesó el crimen. En la audiencia cautelar, inicialmente manifestó su intención de someterse a un juicio abreviado, pero luego cambió de decisión y optó por un proceso regular.
“El Juzgado Público de la Niñez y Adolescencia e Instrucción Penal 1 de Punata decidió enviar a Gualberto D. al penal de El Abra, sin plazos”, informó la abogada Sevilla.
Así terminó la historia de Sonia, una mujer que vivió los últimos años de su vida en el encierro, la soledad y el silencio, y cuya voz solo fue escuchada cuando ya era demasiado tarde.
