Kawillaka: la diosa originaria que inspiró la leyenda de Urkupiña

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Imágenes de la virgen de Urkupiña.

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Según la leyenda incaica, Kawillaka vivía en la zona de Cotapachi, cortejada por dioses mayores y menores, conocidos como Huacas y Huillcas, cautivados por su hermosura.

Mucho antes de que la Virgen María, en su advocación de Urkupiña, se convirtiera en símbolo de fe para los pueblos andinos, en estas tierras fértiles se rendía culto a Kawillaka, una diosa aymara de asombrosa belleza venerada por los habitantes de Tapacarí, Ayopaya y Quillacollo.

Según la leyenda incaica, Kawillaka vivía en la zona de Cotapachi, cortejada por dioses mayores y menores, conocidos como Huacas y Huillcas, cautivados por su hermosura. Entre ellos, Cuniraya Huiracocha, un dios sabio y transformista, ideó una ingeniosa forma de unirse a ella: convertido en pájaro, depositó su esencia en un fruto de lúcumo, que dejó caer frente a la diosa. Atraída por el sabor del fruto, Kawillaka lo comió sin saber que así concebía un hijo.

Nueve meses después dio a luz sin haber conocido varón. Durante un año crió sola al niño, hasta que, en un encuentro con todos los dioses, dejó que la criatura identificara a su padre. El pequeño se dirigió al andrajoso Cuniraya Huiracocha, lo que provocó que la diosa huyera avergonzada hacia una laguna, donde ambos quedaron petrificados. Desde entonces, Kawillaka pasó a ser parte del culto a la Pachamama.

DEL CULTO ANCESTRAL AL SINCRETISMO RELIGIOSO

En memoria de su amada, Cuniraya Huiracocha, según una novedosa investigación del periodista Wilson García Mérida, ordenó al Inca instaurar un rito cada mes de agosto, coincidiendo con el inicio de la siembra. Se trataba de la carrera de “llamas cerreras” hasta la cima de un cerro —probablemente el actual Calvario de Urkupiña— donde la llama ganadora era sacrificada en honor a la diosa de la fertilidad. Al llegar, los devotos exclamaban: “orkho piña, orkho piña” (“Ya llegó al cerro”), dando origen al nombre que, siglos después, se fusionaría con la fe católica.

Con la llegada de los españoles, reemplazar el culto a Kawillaka por el de la Virgen María fue una tarea compleja. Sin embargo, la devoción popular integró ambas tradiciones, dando vida a la actual Festividad de Urkupiña, que cada agosto congrega a miles de fieles en un acto que combina misticismo andino y fervor cristiano.

Esta narración, documentada por José Walter Gonzales Valdivia y Wilson García Mérida en el libro Historia del Milagro, revela que la historia de Urkupiña no comenzó con la colonia, sino que hunde sus raíces en tiempos donde los dioses y los hombres compartían la misma tierra. (Autor: JWG//NJF)

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